Thursday, June 04, 2009

de magos que venden bisutería y sofás que pueblan desvanes

La temporada oficial de terraceo ha dado su pistoletazo de salida, aquí, en esta esquinita del mundo por donde me muevo. En Madrid, sólo hay una afición que supera la sana costumbre de desayunar dos veces, una en casa y otra en el bar; la de irse de terrazas cuando llega el buen tiempo.

El acto en sí parece sencillo pero requiere cierta pericia. Uno/a estipula un lugar de encuentro (D) a una hora más o menos tardía (H) con una o más personas (P-Pn). Cuando P-Pn llega a D a la hora H o H y media, que siempre hay la típica P que llega tarde; comienza la ávida búsqueda de un lugar donde aposentar las reales posaderas de los presentes. Esta búsqueda puede ser más o menos productiva. La suerte que uno tiene buscando sitio en una terraza a partir de finales del mes de mayo es inversamente proporcional a la suerte que uno haya tenido aparcando en Madrid durante el arduo invierno.

Una vez sentados, el grupo comienza a intercambiar lentamente, al ritmo de los grados del termómetro, las pequeñas historias del día a día. Ayer tarde cuando V y G (esto va de iniciales por si todavía no lo habías captado) estaban compartiendo conmigo sus pequeñas aventuras apareció por nuestras mesa un chavalín, uno de esos que se acercan con gran sonrisa dibujada en la cara y una maleta llena de tesoros, tesoros imaginados en tardes igualmente calurosas y lentas, sensuales, donde uno imagina quien llevará aquellos pendientes o en qué muñecas acabarán las pulseras que uno trenza; pulseras que, de buenas a primeras, nadie quiere ni necesita. Y es que nos cuesta, nos cuesta, o quizás me cuesta¿? comprar a uno que ambula y deambula. El caso es que este chico se nos acercó con la sonrisa grande, una caja roja y una baraja de cartas en la mano. Mirar es gratis, espetó con rapidez. Os voy a hacer unos jueguitos, acto seguido.

Entonces comenzó una maravillosa actuación, cercana, real, cálida. Nos reímos todos, incluido el Mago, el Mago Merlín. Aquellas cartas no eran las que parecían, nos leía el pensamiento, nos engañaba con la palabra y, al final, compramos, claro. Un par de pendientes cada una que ni queríamos ni necesitábamos. Claro.

Unos días antes en otra terraza cercana, E y S me relataban historias de personas hace tiempo olvidadas y de otras jamás conocidas. Compartíamos lo propio y lo ajeno, afición muy castiza también. E nos explicaba las experiencias de una amiga interiorista que viaja por todo el mundo decorando, tal que fábrica de tornillos, tiendas, para que todas se parezcan las unas a las otras. Imagen de Marca, lo llaman. Aburrimiento. El caso es que esta interiorista andaba atribulada pues un fantástico sofá que había de decorar la nueva tienda de la famosa marca de moda para la que trabaja en El Cairo no aparecía por ningún lado. Se afanó en buscar por todos los rincones de la tienda y del centro comercial donde ésta está situada. Al final, tras muchas vueltas, encontró en un desván a un guardia de seguridad echando la siesta en su fabuloso chaise longe en ropa interior frente a un ventilador. E apuntaba como coletilla que si me pasaba por la susodicha tienda de la capital egipcia no aposentara mis reales nalgas en el sudoroso sofá. Me da la sensación que no veré yo tal pieza de mobiliario.



Tuesday, May 12, 2009

hurricane season

Es la época de los huracanes emocionales,
vienen vientos racheados a babor y estribor.
Por la proa y la popa,
hacia el corazón.

Iré donde el mar es más azul
donde el viento sopla más suave,
sin furia,
a limpiar y curar estas últimas heridas
y dejarlas cicatrizar al sol.

Thursday, May 07, 2009

after a meeting

Would you tell me, please, which way I ought to go from here?
That depends a good deal on where you want to get to, said the Cat.
I don't much care where, said Alice.
Then it doesn't matter which way you go, said the Cat.
-so long as I get somewhere, added Alice as an explanation.
Oh, you are sure to do that, said the Cat, if only you walk long enough.

Alice's Adventures in Wonderland, Lewis Carroll

Aquí ando tejiendo mi tela de araña,
que me echaré a las espaldas,
a modo de chal, cuando llegue el frío.

Miro a los demás y los veo lejanos,
me inquieren sobre terrenos por los que todavía no caminé,
latitudes que no quiero pisar, not yet,
los quiero mantener intocados un tiempo más,
hasta que maduren los frutos.

Mi recelo se confunde con hostilidad
Mi silencio, con frialdad.
Mi mamá me llamaba adusta,
cosa que me gustaba más.

No sé, no siento esa necesidad
de explicarme,
quizás no sepa.

Qué camino he de seguir, pregunté al Gato
Depende de a dónde vayas
No me importa mucho
Entonces, no importa qué camino tomes,
Llegarás a algún sitio, si caminas lo suficiente.

Friday, May 01, 2009

haiku

Excitement again
paint walls of uncertainty
Twice, there will be Spring

Tuesday, April 28, 2009

nubes, no ves?

Esta mañana descubrí un cielo cubierto de unas nubes de un blanco grisáceo recortadas y colgadas sobre un cielo plomizo. Al fondo, un rayo de sol.
Bernat Soria hace unos días, aseguraba con un premio recién recibido en sus manos que no es la capacidad de usar herramientas, ni la capacidad de predicción (capacidad que compartimos con los chimpacés que, por ejemplo, son capaces de mentir); sino la capacidad de ser creativos la que nos hace humanos, la que nos hace diferentes de nuestros hermanos los animales.
La capacidad de reinventarse. Cuanto más creativo, más humano. Imagino que es cierto, me cuesta imaginar a un orangutan creando una canción para entretenerse (aunque quién sabe).
Ayer, recogiendo la colada, se hizo evidente de nuevo la dificulad de doblar una sola las sábanas de una cama doble.
Las nubes eran increíbles, no pude resistirlo y, en pijama, salí a la terraza a las 8 de la mañana a hacer fotos sabiendo, de antemano, que no las podría atrapar. Las nubes son magia y yo no sé fotografiarla...

Sunday, April 12, 2009

sobre personas indelebles y la no necesidad de sacar fotos

A woman must have money
and a room of her own if she is to write
Virginia Woolf



Hace poco alguien me preguntaba en una preciosa y atlética mañana de domingo madrileño que si cuando viajaba sacaba muchas fotografías, pues el susodicho me había encontrado en una terraza de Lavapiés con mi cámara de bandolera. Intenté explicarle que cuando viajo no me gusta tanto sacar fotos como cuando estoy en un lugar quieta; fotografío más como experimento o deporte que como medio de recuerdo (para eso prefiero escribir). Intenté explicarle mi teoría de que las fotografías son pedazos de muerte, recuerdos muertos, que cuando se comparten tienden a violar la intimidad de uno. Detesto mostrar las fotografías como trofeos de todos esos sitios donde uno ha estado, y, sin embargo, me encanta ir a exposiciones de fotografías.

Pocas fotos son tan potentes traedoras de recuerdos como el propio corazón. Es cierto que hay personas, sitios que quizás no se hayan quedado en la memoria tan fuertemente fijados como otros y que, cuando vistos de nuevo en una fotografía, hacen saltar un resorte interior que te vuelve a transportar al lugar y momento donde fue tomada la instantánea. El caso es que las fotografías son demasiado ¨reales¨ no lo suficientemente personales como para teletransportarle a uno a los paisajes de la mente que uno habitaba en aquellos momentos a los que se refieren.

Así que tomo mi cámara y disparo, al tuntún, de muy cerca, mirando o sin apenas enfocar, jugando a ver qué saldrá. Me encanta distinguir las formas geométricas en las calles, los escaparates, los parques. Los colores que se repiten en varias camisetas de caminantes en direccion opuesta. El movimiento. Y me divierto, cuando lo veo. Son fotografías que no tienen ningún objetivo, no cuentan una historia, no inmortalizan ningún momento decisivo en la vida de nadie y, sin embargo, a su manera también muestran alguna realidad profunda, la propia.

Creo que las personas y los sitios indelebles no necesitan ser fotografiados, siempre permanecen con uno.

Monday, April 06, 2009

mirar, cruzar, encontrar




Mirar al otro


Cruzar información


Encontrar lo común

Tuesday, March 17, 2009

hoy

y danzar sobre las nubes
girando,
enredándome en mí misma

recuperando esa conexión
con el aire
que ya no pesa,
alrededor.

Tuesday, February 24, 2009

los paisajes de la mente

Unos días atrás, los paisajes de mi mente, esos que se pintan a oscuras, en la intimidad, eran sombríos y atormentados como los de un maravilloso Turner.

Esta mañana, cambiaron, se despejaron. No sé exactamente cúal fue el motivo. Imagino que el buen tiempo y la buena cara influyeron. La fruta de por la mañana, nadar y la charla con los amigos, de esos que simplemente te hacen reir. Reir, fórmula infalible para cambiar la paleta de colores con la que una pinta las paredes de su cabecita.