
Saturday, May 27, 2006
Friday, May 26, 2006
tailandia, 30 días en el paraíso…

Bangkok, aeropuerto, cajeros automáticos, un anuncio de coca cola, la gente no te empuja al salir del avión, la gente no te sonríe….Autocar al centro, al guetto turístico. Trafico, grandes anuncios de neón, mayoría aplastante de coches. No hay bicis, no hay trickshaws, no hay pick’ups comunitarios…. Porque todo el mundo corre? A donde?
El día no depara mejores expectativas. La gente no me sonríe, nadie me dice hola, nadie me pregunta de dónde soy… a nadie le importa? … No a nadie.
Estoy en Bangkok, en Kao Shan Road, probablemente el mayor centro turístico del mundo, como la calle Preciados, pero muuuuucho peor y mucho más colorista por supuesto. Esto es Asia.
Isla, Koh Tao, Golfo de Tailandia, no el bello mar de Andamán, había tormenta…los monzones se están acercando amenazantes, desde el sur. Bienvenidos a Ibiza! La Ibiza de los buceadores, eso si. Y yo que pensaba que en India estaban sucias las playas y que seguro que en otros sitios no iba a ser así, y maldecía de vez en cuando a mis entrañables indios, qué equivocada estaba! Un solo mar!
Salgo de koh Tao igual de escopetada que de Bangkok, deseando poder aprender como se dice hasta luego en thai y dejar de escuchar a niñatos que han estado 15 días en Laos y se atreven a decir que conocen el país! Ah!
Y lleguo a Kanchanaburi, famosa porque fue uno de los extremos del Death Railway en la Segunda Guerra Mundial. Vía que los japoneses construyeron a costa de muchas vidas humanas, sobre todo de birmanos y malayos, hecho no tan conocido, para unir Birmania y Tailandia y tener un paso hacia India. Los británicos habían pensado en construir esta vía ferroviaria cuando estuvieron en Birmania pero desecharon la idea por la tremenda dificultad del proyecto, 415 Kms en mitad de la jungla más profunda y peligrosa. Hoy día ni el ferrocarril conserva su trazado total, aunque todavía funcionan 100 kms en su parte tailandesa, ni la jungla es tan salvaje como entonces, pero en cualquier caso es espeluznante acercarse al famoso puente sobre el río kwae y los cementerios cercanos, solo para británicos, australianos y holandeses….
De Kanchanaburi parto hacia Sangkhlaburi, buri en thai del sur significa ciudad, a unos 18 kms de la frontera con mi amada Birmania. Toda esta zona está llena de campos de refugiados birmanos, birmanos que huyen desesperados de los malos tratos, de los trabajos forzados (no hay que irse a la Segunda Guerra Mundial para encontrar grandes horrores, la capacidad de maldad en el hombre no conoce fronteras en el tiempo ni en el espacio), de la falta de libertad, de comida, de la mala vida, de la dictadura militar…. Y me sonríen cuando les reconozco y les digo Mingalaba! Y sonríen y yo, sonrío y me llena el alma la tristeza infinita de sus ojos, las historias no contadas. Prohibidas, secretas….
Sangkhlaburi me recibe con una pareja mixta, marido tailandés y mujer Hmong y digo Hmong porque cuando pregunto, birmana o tailandesa? Hmong, me contesta, llena de orgullo…. Y en Sangkhlaburi encuentro otro pequeño refugio enfrente de un lago, un precioso lago y un poblado.
Los días pasan tranquilos paseando, cruzando el grandioso puente de madera de teka que cruza el lago y volando cometas con un grupo de niños de 10 años, les hace gracia la falang que no quiere ir a ver la pagoda y prefiere pasar con ellos toda la tarde volando cometas…. Hasta el sunset. Y qué sunset! Madre Mía! Si una cosa tiene Tailandia son unos cielos impresionantes de un azul claro con unas nubes de cuento, de dibujo infantil, o de gris plomizo que pesa y se te cae encima justo antes de la tormenta monzónica.
Y ahora aquí estoy en tierras de tribus milenarias y míticas, convertidas hoy día, por gobiernos insensibles en atracciones turísticas para guiris ávidos de aventuras y de carretes que rellenar. Chiang Rai. Tranquilidad absoluta. Masaje Tailandés, Bicicleta, Comida, lectura, una hamaca, lluvia y viajes en moto….. Todo es verde, muy verde……
Friday, April 21, 2006
10 curiosidades birmanas
1. When shaking hands or handing over something, do so with your right hand, while touching your right elbow with your left hand.
4. Every man has to go into the Buddhist monestary for a minimum period of two months at least twice in their lives, as novices, before they are in their twenties and as adults.
6. In Mandalay, the first version of King kong was being shown in the cinema.
7. There is an undying respect for elders.
9. Don´t point your feet at anybody or anything. It´s extremely rude. Feet are the lowest and dirtiest part of the body.
Thursday, April 20, 2006
Wednesday, April 19, 2006
mandalay 18-04-2006

Ayer celebre por tercera vez el anyo nuevo en lo que llevo de viaje: el anyo nuevo Birmano!... Es curioso hasta eso cambia viajando. Nada es igual a casa.
Despues de 4 dias locos de celebracion del Water Festival (celebracion que consiste basicamente en tirarse agua los unos a los otros ) Ha llegado el anyo nuevo con su calorcito.
Birmania es una maravilla. Su gente es encantadora pero no hay que olvidar que llevan mas de 40 años de dictadura militar. La gente es forzada a trabajar por el gobierno y si se niegan simplemente los matan. Miles de etnias estan desapareciendo.
Y me pregunto: La dificultad y la dureza de un regimen autoritario hacen a la gente mas buena? Es el budismo lo que hace a la gente mejor? El aislamiento del mundo exterior durante mas de 50 anyos?
Espero que sean libres pronto y que puedan conservar la bondad y la inocencia, espero que no les corrompa la coca-cola.
Tuesday, April 18, 2006
katha
Y todos dan en el pueblo, porque son sus hermanos, sus tios, sus hijos... los que van con el bol en la cadera y el ropaje rojo. Todos los hombres budistas estan obligados a pasar un tiempo en un monasterio al menos una vez en su vida. Unos estan una semana, otros unos meses, otros unos anyos, otros, toda la vida... En Birmania la cantidad de monjes budistas es increiblemente alta debido a la gran pobreza de la gente. Esto me hace recordar a mi abuela que decia PORQUE NO ME HABRA SALIDO UN HIJO CURA?
Es la misma sensacion aqui.... los monjes tienen asegurado un lugar donde dormir (la pagoda) y comida, que no es poco!
Sunday, April 16, 2006
ganarse la vida en bagan
Saturday, April 15, 2006
thanakha
Wednesday, April 12, 2006
Tuesday, April 11, 2006
Monday, April 10, 2006
Wednesday, April 05, 2006
mandalay

Las mujeres se peinan casi todas con un monyo y lo enganchan con el propio peine en vez de con una horquilla, asi siempre lo tienen a mano...Las mujeres y ninyos y muchos hombres tambien usan la resina de un arbol a modo de proteccion solar y todos van como con un barro amarillento en la cara que contrasta de una forma preciosa con el color marron brillante de su piel.
Tuesday, November 29, 2005
a letter to a maria
Monday, November 21, 2005
si no has viajado en general, no has viajado en tren en India
Notas de Viaje, El Ché Guevara
Quien no ha viajado en clase general, no sabe lo que es viajar en tren en India. Viajar en general es otro modo de viajar, es viajar como los más humildes entre los humildes, es no tener necesidad de comprar billete porque los revisores no pasan ya que no hay espacio por el que cruzar, es compartir un espacio ininmaginablemente pequeño con una ininmaginable cantidad de gente. Viajar en general es aprender la esencia de todo viaje: compartir con otros.
Mi viaje a Jalgaon fueron 12 horas incómodas pero enriquecedoras. Doce horas encogida, sentada en un portamaletas, de los ubicados en la parte superior de los vagones. En los vagones de clase general, los portamalestas se convierten en portapersonas, el equipaje es secundario. Fui afortunada de conseguir este espacio en el portaequipaje, hubo gente que viajaba de Ahmedabad a Chennai, 2 días y medio de trayecto, e iban de pie, claro que, la cantidad de gente en el vagón era tal que unos sujetaban a otros así que uno no tiene que preocuparse por caerse.
Un señor, que se convirtió en mi guarda durante todo el viaje, me cedió un poco de espacio en cuanto me vio aparecer por el vagón. Yo era una de las pocas mujeres a bordo y la única occidental. Mi ángel de la guarda primero se cercioró de que no me había confundido de vagón pues no muchos occidentales viajan en clase general. Tras comprobar que, efectivamente, había sido lo suficientemente arriesgada para viajar en general, me hizo hueco en el portaequipaje junto a él y se apresuró a enseñarme las normas de comportamiento en espacios reducidos.
Los viajeros que tienen la suerte de apoderarse de un espacio para sentarse, han de descalzarse. Si este espacio se encuentra situado por encima de otras personas, los zapatos, en mi caso botas de montaña, se ubican en los ventiladores que se hayan anclados al techo del vagón, ventiladores que intentan paliar sin éxito los sofocos del mes de noviembre en la India. Estos ventiladores en la posición en la que nos encontrábamos nos quedaban exactamente frente a nosotros tal que una mesita auxiliar. Una vez descalza, la posición más cómoda y menos intrusiva para los pasajeros que viajaban justo debajo de mí era con las piernas dobladas delante de mí sujetas por mis brazos. Entonces más que nunca deseé medir 20 centímetros menos.
Mi ángel de la guarda estuvo atento durante todo el viaje. Guardaba mi espacio cuando yo tenía que ir al baño, tarea dura y que requería gran concentración pues había que sortear a decenas de pasajeros ubicados por todos lados, literalmente, por todos lados. Nunca hubiera imaginado que cupiésen tantas personas en tan reducido espacio. En una de mis visitas al servicio, me sucedió una de las cosas más graciosas de mis meses por India. Un chico, musulmán para más señas, me pidió un autógrafo. ¿Para qué? No tengo idea. En ese momento, sí me dió la sensación de que quizás no muchos occidentales viajen en clase ordinaria en la India. Ahora hay un chico por ahí con un trozo de papel y un garabato mio quién sabe lo que dirá al respecto.
Mi ángel de la guarda me alimentó durante todo mi trayecto. No importó que le insistiese que tenía comida en mi mochila. En cada parada del tren, compró y compartió conmigo todo lo que había disponible: mandarinas, samosas, frutos secos, cai, pepsicola caliente... Todos los manjares de los que se disfruta en cualquier viaje en tren por el país.
Sunday, November 20, 2005
al borde de paquistán

"And what is good, Phaedrus,
And what is not good-
Need we ask anyone to tell us these things?"
Zen and the Art of Motorcycle Maintenance, Robert M. Prising.
Una multitud de mujeres cubiertas con burkas negras me esperaba en la estación de tren de Junagadh. Tras sus velos podía adivinar su curiosidad sobre mi , la misma que la mía sobre ellas. Al poco de llegar a la estación me ví rodeada por todas ellas, tal que fantasmas negros y una, entre risas, no pudo soportar más y me comenzó a interrogar ¿de dónde eres? ¿estás casada? ¿cuántos hijos tienes? Las preguntas habituales en cualquier conversación con un extraño en India. Se quedó sorprendida por mi ausencia de marido y de hijos a mi edad, ella con la misma edad que yo ya tenía marido y dos pequeños. Dos mundos diferentes no hay duda. También yo me quedé sorprendida de lo multitudinaria de su despedida, toda la familia parecía congregada allí para decir adiós a la mujer de velo negro.
Mi primer tren nocturno me condujo de Junagadh a Ahmedabad, en el mismo estado de Gujarat. Este tren llegó a las 5 de la madrugada a la estación y a pesar de mis temores la estación estaba completamente abarrotada de gente a esas horas. En India es muy difícil estar solo.
Cuando desperté en mi litera estábamos en Ahmedabad, ciudad de unos 5,1 millones de habitantes, la ciudad más grande del estado y la séptima dentro de todo el país. Aquel fue mi primer tren nocturno sola y tras decenas de ellos, casi todos nocturnos, aprendí una cosa: me gusta viajar de día. Entiendo la opinión ampliamente extendida de que los medios de transporte nocturnos ahorran una noche de alojamiento pero, en mi caso, no sólo descubrí que llegaba a los sitios de madrugada y de mal humor si no que además acababa eligiendo las peores habitaciones dada la desesperación por acostarme en cualquier lado a descansar. Por la mañana a plena luz del día me daba cuenta del tremendo error cometido por el cansancio y la falta de luz.
Las taquillas, viejas y destartaladas como el resto de la estación de Ahmedabad, mostraban delante de sí largas colas de hombres esperando ordenadamente para comprar sus billetes. Esta estampa no es común en India donde empujar y saltarse la cola son deportes nacionales tanto como el criquet y el escupir. Descubrí pronto la razón de tanto orden. Las colas eran guardadas por policías uniformados con cara de pocos amigos y largas varas de madera en las manos, las mismas varas que se usan para comprobar si la gente que duerme en la estación está viva o muerta por la mañana pues hay muchos sin hogar que mueren en las estaciones donde se refugian por la noche. Esas mismas varas también ordenan filas delante de taquillas en Ahmedabad.
Las mujeres a esa hora se podían contar con los dedos de una mano. No son horas femeninas en el país. En mi caso, cualquier hora era válida y lo único que quería era comprar un billete lo antes posible para el siguiente tren con destino a Jalgaon, mi próxima parada, ya en el estado de Maharashtra. Tuve suerte, al ser una mujer tenía una ventanilla para mi sola. En India ser mujer acarrea muchísimas injusticias y problemas pero también algunas poquísimas ventajas y una de ellas es que hay una cola exclusiva para mujeres (también hay algunos trenes con vagones exclusivamente para mujeres) Así que, sin demasiada demora, compré mi billete en clase general con destino Jalgaon.











